Valencia y Alicante, a la cabeza en desarrollo insostenible

Ya somos líderes en otra cosa, además de en corrupción. ¿No era eso de criticar nuestro modelo de desarrollo cosa unicamente de los “ecologaitas”? (Nota del editor)

 

Valencia y Alicante encabezan el aumento de suelo artificial

Funcas publica un estudio del valenciano Ernest Reig que subraya el elevado consumo de recursos y la insostenibilidad del desarrollo
J. SIERRA VALENCIA
La situación española ofrece en la actualidad “perspectivas poco sostenibles” en el terreno económico, social y medioambiental, según el informe sobre “La Sostenibilidad del crecimiento económico en España”, realizado por el profesor Ernest Reig, el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas y la Universitat de Valencia que ha publicado la Fundación de Cajas de Ahorro (Funcas).
En el déficit de sostenibilidad avanzado por Funcas, la Comunitat Valenciana ha jugado un importante papel negativo, liderando algunos de los valores que más influencia tienen en los resultados globales. Entre estos factores se encuentra la transformación de los usos del suelo en las que las provincias valencianas y más acusadamente la franjas costeras están a la cabeza de esta ocupación que supone un agotamiento del recurso.
El informe establece que la superficie artificial creció un 41 % en España entre 1987 y 2006, lo que representa 303.059 hectáreas equivalentes a algo más que el territorio de Álava, mientras que los países europeos aumentaron esta superficie, que incluye la edificación y las infraestructuras, creció un 8,5 %.
Si se considera el total del suelo artificial registraron un aumento superior a las 8.000 hecta?reas las provincias de Madrid, con 45.576 hectáreas, Alicante, con 22.047, Valencia (16.527), Murcia (16.156), Toledo (13.154), Barcelona (11.900), Sevilla (10.387), Illes Balears (9.679), Málaga (9.403), Zaragoza (9.018) y León (8.945).
El informe, explica el investigador, pretende aportar las claves que hagan posible “la difícil tarea” de hacer compatible el crecimiento económico, “que encierra la promesa de obtener mejoras continuados en el nivel de vida de su población y la necesidad de preservar la capacidad de los ecosistemas naturales para desarrollar funciones que afectan de forma decisiva a la calidad de la vida humana”.
Sin embargo, el informe constata que el uso intensivo de recursos, muy por encima de los niveles sostenibles en términos medioambientales, no ha servido ni siquiera para provocar un crecimiento económico y un desarrollo social equilibrados.
Según el diagnóstico realizado por Reig, entre los grandes retos de las sociedad española para los próximos años figura “recuperar para la actividad laboral a una parte importante de su población activa después de que durante el periodo de expansión y pleno empleo no se haya logrado reducir su tasa de pobreza a un nivel que se corresponda con la altura del de?sarrollo económico alcanzado”.

Crecimiento a toda costa
El informe sostiene que los desafíos son si cabe “aún más importantes” en los aspectos ambientales, donde los indicadores son muy negativos. Recuerda que en 1980 el consumo interno de materiales por habitante era de 10,38 toneladas; en 1990 de 12,75 toneladas y en 2007 llegaba a 19,74 toneladas, mientras que en la Unión Europea se ha mantenido estable en torno a 16 toneladas y en Alemania cayó de 21,86 toneladas a algo menos de 16 en 2007.
Además, las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) por habitante se incrementaron en España entre 1990 y 2007, a diferencia de otras grandes economías europeas como Alemania, Francia o Reino Unido, donde redujeron estos niveles e Italia las incrementó ligeramente.
Todo apunta, dice, a un crecimiento acelerado del consumo de recursos naturales y de las emisiones de CO2 “sin que se observe ninguna desvinculación o desacoplamiento entre las consiguientes presiones ambientales y el crecimiento económico que refleja el Producto Interior Bruto (PIB).
Se trata de una impresión que se ve confirmada, dice el investigador, por el rápido aumento de la huella ecológica y por el diferente ritmo de transformación de los usos del suelo en favor de suelos artificiales, una dinámica que “comporta riesgos ambientales importantes.

Diario “Levante”, 16-12-11