Un patrimonio arbóreo local para conocer y proteger

El término municipal de Elche, con sus treinta pedanías, posee un tesoro vegetal por descubrir. Olmos centenarios como los del Molar o el Derramador, lentiscos monumentales o el taray de Alzabares, que recibió en 1987 el primer premio como árbol autóctono por parte de la Generalitat, son algunos ejemplos de este patrimonio.
Ayuntamientos de la provincia como Sant Joan o Mutxamel realizaron en su momento un catálogo con los ejemplares singulares de sus municipios. Este registro sirve para hacer cumplir la Ley de Patrimonio Arbóreo Monumental de la Comunidad Valenciana, que protege todos aquellos ejemplares que cumplan cualquiera de los siguientes parámetros: 350 años de edad, 30 metros de altura, tronco con perímetro de 6 metros o 25 metros de diámetro en la copa.
El anterior equipo local de gobierno consideró realizar esta guía, pero no la hizo finalmente «para no molestar a los propietarios», ya que la mayoría de los especímenes considerados monumentales se encuentran en fincas privadas. Así lo cree Raúl Agulló, experto en árboles autóctonos y apasionado ecologista, que junto con Fermín Valero y el Departamento de Ciencias Ambientales de la Universidad Miguel Hernández (UMH) están elaborando una guía que permitirá conocer cerca de 30 ejemplares, los más emblemáticos del término municipal, con los datos dendrométricos (altura, perímetro del tronco, diámetro de copa), la edad aproximada, así como la zona en la que se encuentra.
Esta guía tiene como objetivo divulgar el patrimonio arbóreo ilicitano para promover su cuidado y conservación, además de fomentar actividades como el senderismo o el turismo rural. También permitiría al Ayuntamiento «una mejor planificación» a la hora de realizar obras públicas, teniendo en cuenta el impacto ambiental que éstas pueden tener. Raúl Agulló lamenta que la ampliación de la carretera de Dolores supusiera el fin del álamo más grande de Elche, o que el «emblemático» pino de San Antón se encuentre en un «estado lamentable».
Este árbol, que vio crecer uno de los barrios más antiguos de la ciudad, gracias a sus 150 años de edad, lleva tiempo creando controversia desde que se proyectó la reconstrucción de los bloques. En 2007, el Ayuntamiento dejó claro que el pino no se tocaría. Sin embargo, las obras del primer nuevo bloque están afectando al ejemplar, que se encuentra prácticamente seco y moribundo.
Agulló denuncia también la dejadez que afecta a la Acequia Mayor del Pantano, incluida en la declaración de la Unesco junto con el palmeral histórico como Patrimonio de la Humanidad al incluirse el sistema de riego heredado de la época árabe. Cuidar el patrimonio y diseñar recorridos de senderismo, podría ser «un gran recurso turístico».
El chopo ilicitano
Precisamente, en la zona de la Acequia Mayor se encuentra el paraje de Aigua Dolça i Salà, que abarca más de un centenar de ejemplares del chopo ilicitano. Este árbol no es autóctono, al igual que la palmera. Se trata de una especie naturalizada, es decir, que se adapta perfectamente al ecosistema y no produce ningún daño a otras especies.
El chopo ilicitano es único en Europa, y con un acondicionamiento de la ribera del Pantano y de la Acequia Mayor podría resultar «un gran atractivo turístico». Ello depende de los comuneros, que poseen las acciones de la acequia, de las que el Ayuntamiento tiene un 50%.
Otro proyecto protagonizado por el chopo ilicitano es el nuevo paseo de las laderas del Vinalopó, adjudicado a los arquitectos de Aranea, quienes apuestan por este ejemplar «más que idóneo» para poblar el cauce del río. Pero «no han recibido respuesta del Ayuntamiento» a esta propuesta, como asegura Raúl Agulló, pese a que en el Hort del Gat hay hijuelos cultivados por la asociación de discapacitados Tamarit, que «podrían aprovecharse».