Productores de miel abogan por reducir el uso de pesticidas

La Comisión Europea acaba de restringir varios productos químicos para proteger a las abejas.

Dicen que Albert Einstein dijo que, si desaparecieran las abejas, a la humanidad apenas le quedarían cuatro años de vida. Algunos apocalípticos alertan de que la extinción de las abejas será el signo del fin del mundo. Se tomen más o menos en serio esas predicciones, sí que evidencian que la labor de estos insectos en la polinización y reproducción de un elevadísimo porcentaje de especies vegetales -que nos permiten respirar y comer- es insustituible. Es por eso que la Comisión Europea ha decidido hace dos semanas restringir el uso de tres pesticidas derivados de la nicotina que afectan a las abejas, entre ellos el Imidacloprid, que se usa desde hace unos años para proteger del picudo rojo a las palmeras de Elche y de la Comunidad Valenciana. Finalmente, a raíz a una excepción propuesta por el Gobierno de España, el tratamiento contra el picudo se podrá mantener siempre y cuando se aplique después de la Época de floración de las palmeras, para evitar que las abejas mueran al recoger el polen.
Aunque la provincia de Alicante no es una de la principales zonas de España dedicadas a la apicultura (mucho más lo es Valencia), en Elche sí que hay varias empresas productoras de miel y aficionados que cuidan colmenas para su propio consumo, de modo que sí hay una cierta colisión entre los pesticidas y los insectos a los que la UE pretende proteger.
“Miel Mediterráneo” es una empresa ilicitana que desde 1977 vende en mercadillos ambulantes el producto de sus 400 colmenas. Su propietario, Joaquín Martínez, tiene claro que “nos gustaría que cada vez se echaran menos productos químicos o que los que se usaran fueran menos perjudiciales, porque hay algunos pesticidas que no afectan a las abejas”. Eso sí, le satisface la medida intermedia que ha autorizado Europa de restringir el uso de neonicotinoides solo a las temporadas posteriores a la floración, siempre y cuando no se apliquen a modo de aspersor o con avionetas, porque en ese caso “se cargarían a todas las abejas que estuvieran volando en ese momento”. Cuando el producto se aplica a la palmera en temporadas en las que está en flor y produce polen como se está haciendo ahora en el término municipal ilicitano (ya que las restricciones de la Comisión Europea no entrarán en vigor hasta finales de año), Martínez señala que la abeja recoge su botín y muere envenenada, pero además mata dentro de la colmena a la cría a la que le llevaba alimento.

Descenso
En los últimos años sí que han notado un descenso en los niveles de producción de las abejas, confiesa su hijo David Martínez, aunque se podría deber a numerosos factores y no solo al uso de pesticidas, ya que la empresa siempre deposita las colmenas lejos del casco urbano, donde los tratamientos son mucho menores que en el Palmeral histórico. Su padre subraya que en los últimos años ha habido largas temporadas de viento de poniente, que seca la tierra, las plantas y los árboles y reduce la floración, por lo que las abejas encuentran menos polen. Este año, precisamente, auguran que la recolecta será muy reducida, por el viento y porque la floración de naranjos y limoneros llegó muy temprana.
Dos o tres veces al año trasladan a las abejas tanto dentro de Elche como a otras zonas de España. El cambio de clima implica también que se alimenten de otro tipo de especies vegetales, y por lo tanto la miel tenga otro sabor, olor y propiedades distintos a los típicos ilicitanos, que son los de cítricos.

Afición
Domingo Ródenas es paisajista y tiene una veintena de colmenas en su casa de campo a modo de afición. Comenzó hace cuatro o cinco años, cuando encontró un panal y decidió no retirarlo. Se dio cuenta entonces de que las abejas no eran agresivas si no se las molestaba y al permitirles seguir estableciéndose allí asegura que todo han sido beneficios en su jardín: “Me doy cuenta de que hay muchos más dátiles sin tener que machear las palmeras, más naranjas… Se encargan de la polinización y además no me hacen falta insecticidas porque las mismas abejas mantienen a ralla las plagas”. De hecho, sostiene que conoce el caso de alemanes y daneses que tienen en sus jardines abejas de variedades no agresivas y que tienen una conciencia mucho más clara de la necesidad de protegerlas.
Las suyas sí que pican, claro (pueda dar fe esta redactora de cuatro picaduras), cuando les extrae parte de la miel: “Es que les estamos tocando las crías y el alimento, pero el resto del tiempo nadie se da cuenta de que las tengo ni molestan a ningún vecino”. Domingo Ródenas explica que no las cuida precisamente por la miel, aunque la recoge para el consumo de su familia y regalar a algunos amigos. Se trata más bien de hacer “un bien para la comunidad y la humanidad, porque si todos fuéramos como algunos ya hace tiempo que nos habríamos cargado aún más cosas”. Además, está la satisfacción de “producir un producto natural que es bueno para ti”, la cuestión ecológica (“¿por qué las abejas no pueden ser felices como las gallinas o las terneras que crían en libertad?”, se pregunta), y la vertiente de contemplación de la naturaleza, porque es toda una lección “ver la labor, la inteligencia y la organización de estos animales”.
En cuanto a los pesticidas, lo tiene claro: “El Imidacloprid es un veneno muy fuerte y lo estamos echando en el Palmeral ilicitano como si nada: Si mata a escarabajos del tamaño del picudo, ¿cómo será para las personas que lo inhalen o que se coman la fruta de los árboles?”.

Vía Pública mantiene el tratamiento previsto
El concejal de Vía Pública de Elche, Manuel Rodríguez, anunció que el pesticida que se usa contra el picudo se podrá seguir empleando en Elche a pesar de las restricciones a nivel europeo con la única precaución de posponer las fechas de tratamiento hasta después de la floración de las palmeras, que es entre el 15 de abril y el 15 de mayo. A partir de 2014, el producto químico se aplicará a partir de junio (aunque este año ya se ha aplicado a diez huertos municipales). Rodríguez asegura que el método que se usa (“duchando de arriba abajo la palmera con una pértiga” en caso de las datileras y con un tubo inyectado en el tronco en las washingtonias) no afecta a las personas ni a otras especies porque no se fumiga generando una nube