Miedo al AVE


Ya queda menos para la llegada del AVE. Es posible que incluso se cumplan los plazos, y para finales de año veamos la foto de familia con los políticos sacando pecho en el viaje inaugural. Y, sin embargo, lejos de sentir la ilusión propia de la cuenta atrás, lo que percibimos es temor e impotencia por esas nuevas tarifas que, como espadas de Damocles, van a caer sobre nosotros de una forma irreversible.
Quienes con naturalidad vamos y venimos a Madrid, una semana sí y otra también, deberíamos estar más felices que unas Pascuas con la llegada inminente del AVE. Y, sin embargo, no lo estamos. Nos preocupa. Porque se nos acaba una etapa. Una época. Dirán lo que dirán las promociones, que lo que cuenta es el coste oficial de un billete en taquilla cuando se compra de un día para otro. Vemos, aterrados, cómo sacar ese billete en taquilla, hoy, en el AVE de Barcelona a Madrid, cuesta 139,80 euros en clase Turista. De Málaga a Madrid, 88,40 euros. O desde Valencia a Madrid, 80,40 en Turista y 144,80 en Business.
La llegada del AVE a Alicante dejará la tarifa actual a Madrid, de 60 euros, obsoleta. Y la vigente hasta diciembre de 2009, no lo olvidemos, 45 euros, (con esos Alvia con los que nos plantábamos en la estación de Atocha en 3 horas y treinta minutos) obsoletísima. Conste, siquiera como derecho al pataleo, que somos muchos los que nos acordamos de aquella etapa feliz en los trenes a precios asequibles. Mucho más cómodos que los vuelos baratos que ahora migran de El Altet. Por qué nadie consideró la cohabitación de las dos vías, la barata y la cara, para todos los bolsillos. Ahora que los sueldos menguan.

 

ANTONIO SEMPERE