Los vecinos se quejan del abandono de la nueva zona de recreo junto al cauce del Vinalopó

Grietas en el suelo, basura acumulada entre las plantas, excrementos de animales a lo largo de todo el recorrido y plagas de mosquitos en una charca estancada. Estas son las principales quejas de los vecinos del barrio Porfirio Pascual, así como de los usuarios que cada día transitan por las nuevas instalaciones a lo largo de los 800 metros que separan el puente del Ferrocarril y el puente del Bimilenari.
Apenas dos semanas después de la recepción de las obras por parte del Ayuntamiento, comienzan a parecer los primeros desperfectos en diversos puntos de la ladera y, con ellos, los primeros descontentos de los vecinos. Las lluvias de las últimas semanas han originado corrimientos de tierra, y ya han aparecido las primeras grietas en alguno de los caminos que forman este “laberinto” junto al Vinalopó. Parte de esa humedad también se queda acumulada, sin una vía de escape, lo que origina que las aguas tarden días en desaparecer.
La falta de limpieza de las zonas verdes es otro de los aspectos más criticados por los viandantes. “Esto parece una selva virgen”, afirma una vecina del barrio, “las plantas que han instalado se camuflan entre el matorral, que crece sin que se cuide y se pode”, asegura. Los excrementos de animales, sobre todo de los canes, se extienden por todo el terreno, pues “aún no han puesto papeleras donde poder tirar cualquier deshecho”, señala otro de los usuarios.

Mosquitos
Las plagas de mosquitos es otro de los problemas a los que se enfrentan los usuarios que pasean o practican deporte por esta zona. Sobre todo, señalan, al caer la noche y en la zona más cercana al puente del Bimilenari. El paso del río Vinalopó rodeado de cañas y vegetación origina un ambiente ideal para la proliferación de este tipo de insectos.
Esta situación se ve agravada por una charca originada por las aguas del río, que forma una pequeña cascada en este tramo, por lo que el agua estancada, donde se encuentran también algunos patos, contribuye a la aparición de bancos de mosquitos, “sobre todo cuando cae la noche”, apunta un vecino. La falta de alumbrado es otra de las intraestructuras que más quejas provoca entre los transeúntes de esta nueva zona de recreo en la ciudad. La mayoría de los usuarios coinciden en señalar que “se trata de una nueva zona que está muy bien para caminar, correr o desconectar en la ciudad”, pero exigen “mayor atención y cuidado” para que “no caiga en el abandono”.