La memoria del horror

Más de medio millar de personas recuerdan a los represaliados en el campo de concentración de Albatera y su producción literaria.

Más de medio millar de personas se dan cita en Albatera

La mayoría de los represaliados en campos de concentración franquistas ha plasmado su experiencia en libros que ayer fueron objeto de debate concienzudo en las segundas Jornadas en torno al campo de concentración de Albatera, celebradas en San Isidro.

Escribir es una forma de mantener su memoria viva, algo que consiguen también participando activamente, a pesar de su avanzada edad, en iniciativas como la celebrada ayer, que reunió a cerca de medio millar de personas para homenajear a los represaliados y a sus familias y dar a conocer un campo por el que pasaron cerca de 15.000 republicanos capturados cuando trataban de huir de España a través del puerto de Alicante.

Entre ellos estaba Marcos Ana, que consiguió salir del campo convenciendo a los guardias de que era menor de edad y había sido detenido por error. Sin embargo, pronto volvió a ser detenido en Madrid y pasó 23 años encarcelado. Su experiencia ha quedado recogida en el libro Decidme cómo es un árbol, del que ayer leyó algunos poemas.

También Isidro Palau que, ayer, en la visita que los participantes a las jornadas realizaron a lo que queda del campo, recordaba emocionado e irónico cómo se las arreglaba para subsistir con un mendrugo de pan a repartir entre cinco personas y una lata de sardinas para tres, cómo a ninguno se le ocurría escapar ante la amenaza del fusilamiento de todos sus amigos o las duras condiciones en las que dormían y trabajaban los represaliados.

Durante todo el día, las mesas redondas repletas de testimonios de presos y de expertos en literatura concentracionaria se fueron sucediendo en el Centro Social de San Isidro, alternadas con paseos por el parque en el que estaba situada la Feria del Libro de la Memoria, donde los participantes podían adquirir no sólo libros, sino también camisetas con el rostro de personajes tan diversos como Miguel Hernández, el Che Guevara o Mao Tse Tung, banderas republicanas y hasta ron cubano.

Para aliviar el sofocante calor, la asociación de amistad con Cuba Miguel Hernández situó una barra con bebidas, y varios altavoces animaban a la gente con canciones de ayer y de hoy.

Lo más emocionante, sin duda, fue el paseo por el campo de concentración y el sincero manifiesto y homenaje a las víctimas.

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Vía | ciudadanosporlarepublica.info