Frente a la crisis capitalista: unidad popular

Tras varios años de paz social, el enfrentamiento de clase se recrudece. El primer envite serio, ya tiene fecha: el próximo 12 de Diciembre, CCOO y UGT han convocado en Madrid una manifestación de carácter estatal, entre Atocha y la Puerta de Alcalá, que debe ser el primer paso de una lucha sostenida en la que la clase obrera española se juega mucho. El 12 de Diciembre, hay que llenar las calles de Madrid de trabajadores. No va a ser suficiente con esta movilización, desde luego: serán precisas otras más y más contundentes, pero hoy de lo que se trata es de impedir que la reacción gane este primer pulso y lograr que el proletariado español se demuestre a sí mismo, la fuerza que tiene cuando actúa unido.

El 12 de Diciembre hay que convocar a la manifestación a cientos de miles de trabajadores. Sin duda, los objetivos planteados por los dirigentes sindicales, son muy limitados; pero, por encima de nuestros deseos, está la realidad y ésta nos dice que aunque, al deshacerse de la corriente aventurera y ultrareaccionaria de Fidalgo y su equipo, el principal sindicato, CCOO, se ha liberado de un lastre importante, lo cierto es que hoy no existe, aún, una alternativa política reconocida por nuestra clase, que pueda dirigir su lucha; hoy, el oportunismo de derecha sigue controlando las principales organizaciones del proletariado.

Ahora bien, aunque limitados, los objetivos de la movilización son suficientes para unir a los trabajadores en un combate que deberemos desarrollar politizándolo y procurando elevar la conciencia de nuestra clase. Algunos ‘críticos’ críticos y oportunistas de ‘izquierda’, como siempre, se desentenderán de la convocatoria (ya lo están haciendo) al grito de: “es demasiado tarde”, o: “debemos diferenciarnos”. Los comunistas apelamos a la responsabilidad, llamamos a reforzar las movilizaciones. Debemos diferenciarnos, sí, de las corrientes oportunistas que pretenden separar al proletariado de sus objetivos de clase, pero nuestra obligación es la de trabajar por su unidad cuando la lucha concierne al conjunto de la clase. La labor de explicación está inseparablemente unida a la lucha, que es donde las masas aprenden a diferenciar entre unas corrientes y otras, a modular sus objetivos y conocer al enemigo que tienen enfrente. Sabemos los miedos y limitaciones de los principales dirigentes sindicales que durante años han consentido, cuando no apoyado las políticas de recortes laborales; para ellos el término ‘responsabilidad’ tiene un único significado: colaboración y aceptación de la paz social interclasista. Pero lo que enfrentan en esta ocasión los trabajadores es una pelea general, de clase y como tal debemos responder unidos en tanto sea posible. Los dirigentes oportunistas de CCOO y UGT se han visto forzados a convocar la movilización muy a su pesar, después de haber intentado de mil formas suavizar la respuesta a una crisis que está acarreando un durísimo coste social. De hecho, siguen empeñados en ofrecerse, más allá de toda prudencia, para reanudar un ‘diálogo social’ que sus contrapartes, el Gobierno y la patronal, han transformado en otras ocasiones en un monólogo en el que siempre ha primado el interés de la oligarquía empresarial y financiera española. Tras un año de políticas impotentes del Gobierno y de prepotencia y presión constante de la patronal y la derecha, la conciliación de clases se ha desacreditado a los ojos de las masas. Hoy, hasta los más recalcitrantes de los dirigentes oportunistas deben rendirse a la evidencia de que la movilización general es inevitable, aunque muchos de ellos siguen alimentando la ilusión de que es posible alcanzar el consenso interclasista para salir de la crisis sin perder en el camino una parte de los derechos conquistados por los trabajadores.

¿Contra quién se dirige esta movilización?
En primer lugar contra la oligarquía empresarial y financiera, ultrarreaccionaria, antisocial e insaciable que no solo no está dispuesta a renunciar a una sola de sus pretensiones, sino que quiere obtener una derrota sin paliativos del movimiento obrero, volver el reloj de la historia de la lucha de clases más de un siglo hacia atrás, destruyendo todas las conquistas arrebatadas por la lucha de los trabajadores, empezando por la misma idea de organización y negociación colectiva. Una oligarquía cuya catadura la representa a la perfección el principal dirigente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, enemigo jurado de lo público, que, sin embargo, ha hecho siempre su negocio a costa del Estado. Cínico impenitente acostumbrado a dar recetas de ‘buen gestor’ empresarial, cuando incumple las más elementales obligaciones para con sus trabajadores. Pero, aunque algunos dirigentes sindicales (particularmente de UGT, por razones obvias) van a intentar hasta el final que el Gobierno quede al margen del enfrentamiento, la lucha se dirige también contra él. Zapatero ha hecho del ‘talante’ y las ‘buenas palabras’, de la retórica en definitiva, señas de identidad de su mandato. Pero el talante ha ido acompañado de continuidad con la política de los gobiernos anteriores en la práctica y consenso con la derecha pura y dura en aquellos temas que para la oligarquía son cuestiones de estado.

Pruebas de lo que decimos, hay muchas: pacto con uno de los sectores más ultraderechistas del PP en el País Vasco, incremento de tropas en Afganistán, mantenimiento de una política fiscal regresiva, mantenimiento del Concordato con la Iglesia Católica que cuesta al Estado español cerca de 5.000 millones de euros anuales, etc. Es cierto que aún no ha acometido una reforma laboral, pero también lo es que no solo ha respetado los intereses de la oligarquía financiera y empresarial causante de la crisis, sino que ha corrido en su ayuda con ingentes cantidades de dinero público, sin obligarla a sujetarse a un mínimo control social de su actividad. Zapatero ha confirmado lo que Marx escribiera a Engels, respecto de los Gobiernos burgueses: “…al mismo tiempo que… coquetean con los obreros, se dan perfecta cuenta de que su único apoyo reside en la burguesía; por ello intimidan a esta última con frases amistosas para con los obreros, pero no pueden ir jamás contra ella” También se entabla contra la derecha neofranquista del PP, convertida en patrón político de los sectores más recalcitrantes de la derecha nacional católica franquista y de la gran patronal. Se trata de una derecha brutal, alineada abiertamente con posiciones cercanas al fascismo sin disfraces, cada vez más envalentonada y dispuesta a terminar con las escasas formas democráticas que mal resisten en la España del dos veces Borbón. Y, por último, contra el régimen monárquico en su conjunto: un régimen asentado en el caciquismo caldo de cultivo de una corrupción política desbocada, con unas instituciones estatales, empezando por la judicatura, día a día más escoradas a la derecha. Como vemos, son muchos enemigos y muy fuertes, y no podemos pretender que este primer encontronazo serio lleve a los trabajadores a una victoria definitiva.

El proletariado precisa ir ganando fuerza, reconocerse como sujeto político, ir definiendo sus propias reivindicaciones generales, sin las que su lucha no irá más allá de lograr unos pocos objetivos concretos, necesariamente limitados. El capitalismo sigue en crisis y ésta afecta a España de un modo especialmente virulento; la continuidad de la pelea es, pues, inevitable. Debemos ponernos a la tarea de armar a nuestra clase con política, acercarla a la ideología socialista para que comprenda que únicamente la superación del capitalismo, el control colectivo de los medios de producción, la planificación social, pueden evitar las crisis que periódicamente y cada vez con más virulencia sacuden al capitalismo, que sólo la acción organizada en torno a objetivos propios del proletariado puede mitigar la despiadada explotación burguesa. Pero hoy lo que toca es centrarse en una batalla concreta que no podemos, que no debemos, perder, porque las consecuencias de esa derrota, por parcial y limitada que realmente sea la movilización, en las actuales circunstancias de debilidad política del proletariado y desconfianza en sus fuerzas, puede tener consecuencias muy profundas y negativas. Por eso, los comunistas debemos ser los primeros en reforzar la convocatoria a movilización general: El 12 del 12, a las 12, todos a la calle.

Saldrán autobuses gratuitos desde diversas ciudades (Elx, Alacant, València…). Para reservar plaza llama antes del 3 de diciembre al 966 675 300.

Vía | pceml.info