Es posible y deseable reducir el gasto en infraestructuras de transporte

POR UNA ECONOMÍA MÁS SOSTENIBLE
Ante los recortes anunciados por el presidente del Gobierno, Margalló y Ecologistes en Acció manifiestan que es deseable y posible reducir bastante más el gasto en muchas obras públicas innecesarias y contraproducentes, como la mayor parte de las autovías y líneas de alta velocidad ferroviaria, tanto por parte de la administración central como por las autonómicas y locales. Lejos de suponer un problema para el desarrollo económico, la realidad de los hechos indica todo lo contrario: permitirían una economía más sostenible y más justa en lo social.

El presidente del Gobierno acaba de presentar un duro plan de recorte de gasto público. Es claramente rechazable que este recorte se cebe en las clases sociales más desfavorecidas y en el conjunto de los trabajadores públicos, sin prácticamente afectar ni poner en cintura a las entidades financieras y a los mercados especulativos que nos han llevado a la grave situación actual.

Pero más allá de este trascendente asunto, Margalló y Ecologistes en Acció queremos incidir en la posibilidad –beneficiosa desde el punto de vista social, ambiental, económico y de generación de empleo– de recortar los gastos en numerosas infraestructuras de transporte que se están construyendo o planificando por todas las administraciones públicas españolas, a menudo sin estudios que justifiquen su necesidad pero con un coste económico brutal, con una muy escasa generación de empleo, por no hablar de sus tremendos costes de oportunidad.

Y es que, si las virtudes que le asignan el Gobierno y las mayores constructoras a las grandes infraestructuras de transporte fueran ciertas (enorme generación de empleo, dinamización económica…), la situación en el Estado español debería ser muy distinta a la que es. Efectivamente, puesto que somos el país europeo con más kilómetros de autovías y autopistas –y en cuanto se inaugure la nueva línea de alta velocidad ferroviaria a Valencia seremos el que cuente con la mayor red de alta velocidad ferroviaria del mundo–, no deberíamos tener una tasa de paro tan alta y la crisis apenas debería notarse. En definitiva, no se entiende que si las infraestructuras de transporte generan tanto empleo seamos simultáneamente récord europeo en estas infraestructuras y récord de paro, además de estar en una situación económica francamente precaria.

Las realidad en el tema de las infraestructuras de transporte no funciona como nos quieren hacer creer. Multitud de estudios concluyen que a partir de un cierto umbral en la dotación de grandes infraestructuras –que en el Estado español hemos superado de largo–, cualquier inversión en nuevas obras a menudo es contraproducente para el desarrollo desde una estricta visión economicista, sin hablar de su impacto ambiental y social [1].

Ante estos análisis, no es justificable el tremendo despilfarro que está suponiendo el Plan Estratégico de Infraestructuras y Transporte, PEIT, del Ministerio de Fomento. Este departamento ha venido invirtiendo una media de 17.000 millones euros al año desde 2005 en grandes infraestructuras, la mayor parte en construcción de autovías –sin la intensidad mínima de tráfico que las justificara– y en alta velocidad ferroviaria, mientras se deja morir al ferrocarril convencional y a las cercanías.

Una situación parecida existe aquí en el sur del País Valencià, con planes desaforados de autovías (3 autovías/autopistas de Alicante a Valencia: por la costa, por el interior y central; Futura autopista Murcia-Yecla-Alicante-Caudete; duplicación de la autovía hacia Madrid con una autopista de pago donde se ha sugerido aumentar la velocidad máxima hasta 140 km/h; autovía CV-90 de Orihuela a Guardamar; CV-95 de Orihuela a Orihuela Costa); ampliación del Aeropuerto de l’Altet (incoherentemente, cuando la Terminal nueva esté en funcionamiento se cerrarán la Terminal 1 y la Terminal 2); la conexión mediante SEIS medios de transporte público con el Aeropuerto de l’Altet (AVE, Cercanías, Tranvía, Bus de guiado óptico, Bus convencional, Taxi) que ahora más que nunca es necesario confrontar con los recortes en otros aspectos sociales.

Para Margalló Ecologistes en Acció resulta claro que necesitamos inversiones en transporte, pero ni mucho menos las que se están planteando. Necesitamos mejores servicios de transporte, no más autovías. Nos hace falta un mejor ferrocarril, no un tren elitista que sólo tenga parada en grandes poblaciones. Necesitamos buenos servicios de cercanías ferroviarias, no más y más anillos de circunvalación. Urge poner en práctica planes de movilidad sostenible, no más listas de infraestructuras. Todas estas alternativas, además, generan más empleo y más estable que la construcción de infraestructuras.

Margalló Ecologistes en Acció consideramos que a pesar de nuestra sobredotación de infraestructuras de transporte, seguimos invirtiendo en ellas una cantidad de fondos desmesurada. Por ello, es posible y deseable reducir mucho más la inversión en grandes infraestructuras de transporte. Nuestra economía, el medio ambiente y los sectores sociales más desfavorecidos lo agradecerán.

Notas
[1] En este sentido, uno de los estudios más relevantes es el informe del grupo de asesores creado por el primer ministro John Major en los años 90 para evaluar un plan de construir 500 nuevas carreteras en Reino Unido. Este grupo, conocido por sus siglas en inglés, SACTRA, publicó en 1999 ‘Transport and the Economy’, donde analizaba la relación entre el crecimiento de la economía y las grandes infraestructuras de transporte en todos los países desarrollados. ¿El resultado? Gran parte de las tópicos sobre estas obras –que generan riqueza y empleo, por ejemplo– por los suelos. El plan de 500 carreteras se quedó en sólo 37.


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