El P2P de las bicicletas

Desde Facebook hasta la Wikipedia, los negocios más exitosos del siglo XXI se basan en la economía colaborativa. Mientras la cara tradicional de las cuentas globales se hunde con las primas de riesgo, la gente busca alternativas. Una de ellas es el peer to peer (de par a par o de ti para mi). Delito para la industria de la música o del cine; oportunidad para emprendedores. Al hilo del P2P surgió el crowdfunding o el couchsurfing. Jeremy Rifkin lo denomina la tercera revolución industrial; un cambio basado en internet y las energías renovables. “Estamos ante una nueva estructuración social y económica en torno a relaciones laterales; es el fin de la gran empresa capitalista tayloriana centralizada verticalmente. En el futuro, los mercados competitivos irán cediendo el paso a las redes de colaboración, que se adapten mejor a los millones de pequeñas empresas y consumidores que aúnan sus intereses en empresas cooperativas”, cuenta el economista en su libro La Tercera Revolución Industrial (Paidós). En base a estos cambios, en Estados Unidos ha surgido Spinlister, el P2P de bicicletas.

 

“La gente se siente cómoda conectando con otras personas. Usan su identidad real y buscan experiencias más auténticas”, explica la base de su negocio Will Dennis, fundador de Spinlisters. “Lista de vueltas”, se podría traducir su negocio. La web ofrece una lista de bicicletas utilizables en una ciudad por un precio que oscila entre los 4 y los 50 dólares por día. La idea es ofrecer tu bicicleta mientras no la estés usando y sacar dinero por ello. Algo parecido a pernoctar por el mundo de sofá en sofá. 

La bici compartida tiene una compleja historia. La primera experiencia data de 1965 cuando en Amsterdam aparcaron numerosas bicis blancas para que la gente las usara. Aunque como sistema público falló, consiguió afianzar un movimiento emergente. Los últimos representantes de la tendencia son los sistemas públicos de alquiler de bicis. “Son demasiado caros pero como medida inicial, y limitada en el tiempo, para cambiar de manera radical los hábitos de movilidad de una urbe son útiles”, matiza Elena Anaya, consultora de movilidad. 

La propuesta de Spinlister juega a medio camino. Todo el mundo puede ser arrendador de bicicletas y en cada viaje que se realice se puede encontrar un velocípedo para descubir la ciudad en la que hemos aterrizado. “Estamos teniendo una gran acogida entre la comunidad ciclista. En San Francisco, Nueva York o Portland estamos asentándonos. Nos ha sorprendido la de listas que se han iniciado en otras ciudades del mundo”, añade Denis. Su empresa hace de intermediaria y establece las normas en caso de reparación así como los pagos, cada dos semanas, a los arrendadores. “Es muy cool ir a un sitio y alquilar la bicicleta de alguien de Australia, Rumanía o París“, concluye. Ahora solo hay que superar los reparos a dejar tu bicicleta a cualquiera que pase por la ciudad. Y una vez hecho, poner tu bici en la lista. Como compartir es vivir, para empezar voy a poner en la web la bici de mi compañera de piso.

 

“El País”, 21-02-12