El Mirador, la política y el ciudadano

OPINIÓN
Sin entrar en valoraciones que ya han sido expuestas con anterioridad por mi puño y letra, y obviando cualquier introducción al tema que nos ocupa, diremos que la noria mirador que se pretende instalar en Elche no es más que fruto de una serie de convencimientos y enamoramientos [1] que exasperan a muchos ilicitanos y que provocan un descreímiento absoluto que cruza las fronteras de la localidad para instalarse en todos los niveles administrativos de nuestro país. De manera que el asunto no es tanto el cuestionamiento del mirador –que ya de por sí es un atentado al paisaje, entre otras muchas cosas- como el cuestionamiento de la política actual desde un punto de vista holístico, inmersa en una grave crisis de desconfianza que ha generado un clima de indiferencia en la ciudadanía, lo que redunda al fin en el amplio radio de acción que los políticos creen tener para hacer y deshacer conforme a su propia voluntad. La rendición de cuentas no debiera importar tan sólo al final de la legislatura, pero por desgracia así ocurre: parece ser que se trata de una premisa básica y del todo elemental en la educación de quienes ocupan los plenos municipales -llenar de norias y adornos los rincones de la ciudad cuando se acercan las elecciones es una actividad de lo más corriente-, y eso para los obreros pone en tela de juicio el sentido de la responsabilidad que tiene el poder, obsesionado con la captación de votos aunque muchas veces pueda dejar de lado cualquier supuesta ideología de partido.

Yo misma aborrezco la política de un modo extremo, y conforme pasa el tiempo todavía más, pero acontece que el yugo de la crítica ciudadana es más que necesario para que nadie se crea poseedor de un feudo político en ninguna parte del orbe, a pesar de que ese yugo crítico y saludable viene seguido en muchas ocasiones de una serie de flechas rencorosas que de forma probable no sean visibles para el común de los mortales sino tan sólo por la propia persona a la que van dirigidas, y que no son otra cosa que formas de represión política que en último término nos llevan a poner un interrogante sobre algo tan absolutamente sagrado como es la libertad de expresión en nuestro país e incluso sobre la existencia de una verdadera democracia.

Son una cantidad ingente de ciudadanos los que se oponen a la construcción de un nuevo mirador al final del Paseo de la Estación, por muchas y diferentes razones, pero somos pocos los valientes corsarios que nos atrevemos a decirlo y a defender nuestra postura por encima de propagandas mediáticas vacías de contenido -y basadas en una especie de patriotismo exacerbado-, que parecen producir ciertos efectos cerebrales carentes del suficiente análisis científico. La gente tiene miedo a recibir esas flechas represivas que “nadie vislumbra” y por eso no alza la voz pese a tener cerca el resguardo político que supone la unión de muchos ciudadanos, y en otros casos sucede que esa gente se encuentra cegada por una fe partidista que siempre resulta ser irracional -esté orientada hacia donde quiera estar-, por una ignorancia informativa producto de una fuerte campaña publicitaria que tan sólo dice aquéllo que se desea oír, o quizás por una desidia creciente al sentir la impotencia en las carnes y comprobar, además, que todos y cada uno de los políticos son iguales en su toma última de decisiones, que todos los terrenos en los que se mueven éstos son pobres en su riqueza de billetes, baldíos en su riqueza de palabras, y arcillosos por la manera en la que se escurren entre las manos, haciendo caso omiso de la opinión de una buena parte de sus ciudadanos y contrariando la bonita e insulsa sentencia de gobernar para todos que siempre se repite de una forma automatizada al principio de cada legislatura.

Notas
[1] Convencimiento de que van a aprobar el Plan Especial, de que la Unesco aceptará el mirador, de que tendrá impacto turístico, de su rentabilidad inmediata, de la sostenibilidad económica y medioambiental, de que será un símbolo para Elche, de que los ciudadanos lo aceptarán, etc. Pero no parecen haber pruebas de nada.

Mercedes De Cecilia
Licenciada en Historia

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