El cura de Puebla de Don Fadrique, denunciado por disparar por la noche a las palomas desde el campanario de la Iglesia

Reproducimos también junto a la noticia algunos de los comentarios, que no tienen desperdicio, de los lectores del diario “Público”  (Nota del editor)

 

Al párroco de Puebla de Don Fadrique (Granada) le gusta el caldo de paloma. “Es que resucita a los muertos”, dice Juan Luis García Rodríguez, un cura de 37 años que se ha visto envuelto en una polémica por dedicarse a cazar palomas. Ecologistas en Acción lo ha denunciado ante el Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil por supuesto uso ilegal de armas para cazar palomas desde el campanario de la iglesia del pueblo. Según la denuncia, el cura, acompañado de menores, realiza sus “cacerías nocturnas” con “escopetas de perdigones”, que son carabinas de aire compromiso con las que sólo se permite el tiro de precisión en diana y en los espacios habilitados para ello, en galerías de tiro o en recintos privados acotados, seguros y apartados del público.

Según el grupo ecologista, el reglamento de armas impide “el tiro a nada o sobre nada que no sea un blanco tipo diana, lo que implica que no se puede disparar a pájaros ni a cualquier otro tipo de animales”. Ecologistas en Acción precisa que es necesario tener tarjeta de armas para usar la escopeta de perdigones y duda de que la posean los menores que acompañan al cura en esa actividad. “Los disparos en la noche y dentro de la población son un peligro serio para los habitantes del municipio que se ven expuestos a perdigonazos que pueden afectar gravemente a su integridad física”, afirma el colectivo denunciante.

El párroco admite que caza palomas, pero niega la mayor. Asegura que no utiliza carabinas sino que captura a las aves a mano cuando están dentro del campanario. “Hay más de seiscientas palomas en el campanario y sus excrementos son muy corrosivos para el patrimonio monumental”, explica a Público. “En el municipio hay una auténtica invasión de palomas que están causando graves daños al patrimonio”, afirma el cura, que es párroco de la Iglesia de Santa María de la Quinta Angustia, un edificio del siglo XVI.

“No son aves protegidas, causan mucho daño al patrimonio, y en municipios como éste son un buen alimento”, indica el cura al precisar que se le ocurrió, de forma “inocente”, cazar las palomas que habitan y anidan en el campanario de su parroquia. “Estoy en contra de cualquier maltrato animal. Nunca he utilizado perdigones, cogía las palomas a mano para luego sacrificarlas de la forma en la que menos sufriera el animal y utilizarlas como alimento”, explica.

 

#1 

Lo mismo ha hecho caldo con el Espíritu Santo y él sin enterarse.

#3 

Al párroco de Puebla de Don Fadrique (Granada) le gusta el caldo de paloma. “Es que resucita a los muertos”, dice

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Padre, actualicese, hay un medicamento que se llama Viagra.

#4 

“En el municipio hay una auténtica invasión de palomas que están causando graves daños al patrimonio”, afirma el cura

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Rectifiquemos las palabras de este pecador: En el Vaticano hay una invasión de palomos que llevan siglos causando graves daños al Patrimonio, a las arcas públicas y a la humanidad en general.

#6 

Lo comprendo, está del ESPIRITU SANTO hasta los cojones …

#7 

¿Hostia como se cargue al Espiritu Santo!. Tendrán que revisar toda su parafernalia desde hace 2000 años aproximadamente

#8 

Tranquilos, casi seguro que la culpa la tiene Zapatero…

“Cuando alguna persona tiene un amigo imaginario, le llaman loco, cuando son millones, es religión”

#9 

Yo creo que en realidad no le parece ético que el espíritu santo conviva con el resto de palomas del populacho, que se dedican a fornicar como animales y a dejarse llevar por el más bajero de los libres albedríos, e igual una voz en su interior le instó a acabar con todas las palomas que no fueran castas y puras como su espíritu santo, pero piensa que si lo cuenta le echarán del pueblo, por lo que se ha inventado toda la historia. Seguramente que le gusta más el caldo de palomo cojo que ningún otro…

 

Diario “Público”, 07-12-11