«Por primera vez se verá el tamaño real del palmeral en relación con la ciudad»

> La arquitecta defiende que el emplazamiento y la altura de la Noria son los idóneos para el proyecto.
> Afirma que el Mirador «no le quita protagonismo a lo que Elche tiene, sino que añade otro punto de interés ».

Beatriz Ramo López de Angulo (Zaragoza, 1979) está entusiasmada con el proyecto del Mirador Turístico del Palmeral de Elche. El estudio de arquitectura que dirige en Rotterdam (Países Bajos), Star Strategies+Architecture, fue el ganador del concurso convocado por el Ayuntamiento, con su propuesta ¡Dame una vuelta!, popularmente conocida como la Noria. No tiene duda de los beneficios que reportará a la ciudad y la defiende apasionadamente pero con argumentos de peso.

¿En qué fase se encuentra el proyecto?
Como tiene varias partes, algunas están más avanzadas que otras. El paseo será lo primero que saldrá a licitación y esperamos que esté a finales de enero o en febrero. El edificio de servicios va ligado a una estación de tren que vimos que merecía la pena unir. Como eso es una decisión que no depende de nosotros ni del Ayuntamiento, estamos pensando un edificio que cumpla las funciones de centro de visitantes, pero que deje abierta otras posibilidades de uso, como un museo. También proponemos crear un aparcamiento, que tampoco se hará por el momento pero que queda planteado.

Esta actuación ha generado críticas y destapado temores sobre su efecto en el Palmeral y en el paisaje urbano ilicitano…
Hay muchos tipos de miedo y hemos intentado clasificarlos para darles respuesta. Están los miedos de la crisis y mucha gente lo toma como un despilfarro; otros creen que daña el medio ambiente, o quienes temen que puede poner en peligro la declaración de Patrimonio de la Humanidad. A otros no les gusta el proyecto arquitectónico, pero están a favor del mirador; o no les gusta el lugar pero sí el proyecto… Tenemos respuesta para todos, porque hemos pensado el proyecto desde muchos puntos de vista.

Quizás el impacto visual sea el más recurrente. ¿Por qué 70 metros de altura?
El tema de la altura es importante porque en la ciudad hay otros puntos desde donde se puede mirar el palmeral. Pero hoy en día la torre de la Basílica de Santa María tiene problemas de accesibilidad, y además lo que se observa desde allí es sólo el Parque Municipal: se ve un bosque de palmeras pero no se aprecia realmente lo que le ha valido al Palmeral el reconocimiento de la Unesco, que es su retícula, su sistema tradicional de huertos. Se podría haber aprovechado la fábrica de harinas y haber hecho allí algo similar, a 20 o 25 metros. Pensamos que haber hecho un mirador en el punto elegido que no superara esa altura no tendría sentido.

¿Por qué es tan importante elevarse más?
Tenemos que superar esa altura para permitir una visión muy vertical y que se vea la estructura de los huertos. Es, por ejemplo, lo que vemos cuando entramos en el Google Earth, allí no se ve una masa de palmeras, sino filas de árboles formando una retícula y una geometría, que es lo interesante. Eso es el Palmeral de Elche, la gente lo ve como un paraje natural y no lo es, es artificial y es un sistema agrícola. No sólo es interesante para los turistas, también para los propios ilicitanos, para que entiendan cómo se ha generado y cómo ha surgido la ciudad, y que se vea la extensión del palmeral, que es inmenso en relación con el casco urbano. No conozco otra ciudad con una zona verde tan grande en comparación con la parte edificada. Por primera vez se va a poder ver la dimensión entera del palmeral en relación con la ciudad y se podrán entender las dos cosas en conjunto. Y eso no se podrá apreciar si no es desde una altura considerable, que no sé si será de 70 metros, 65 o 68, pero desde luego no son 30.

Y el sitio, ¿le parece bien o habría elegido otro lugar?
Aparte de la altura también importa el lugar, que está muy bien elegido porque no tocamos ningún huerto. Tiene sentido porque no entendemos el mirador como un punto arquitectónico sin más, sino como una intervención urbanística. Si lo colocas fuera del casco urbano aparte de que se utilizaría menos, no tiene colaboración con la ciudad. Ahí estará al final de un eje, cerrando una visual, por eso creemos que tiene que estar en ese punto.

Pero una noria de 70 metros será un elemento predominante en el paisaje, se mire de donde se mire…
Desde luego, el mirador se va a ver. Pero personalmente a mí no me molesta, creo que es parte del skyline de una ciudad. Lo bonito es un perfil urbano en el que se vea de todo: una zona verde, una torre de apartamentos, una iglesia, un campanario… En Elche lo que la Unesco valoró fue la coexistencia del Palmeral con la ciudad. Por ejemplo, en el Central Park de Nueva York, el parque tiene sentido porque está rodeado de la ciudad. No es lo mismo construir un mirador, que es una estructura ligera, que unas torres de apartamentos.

¿Aún a costa de correr el riesgo de distraer la atención del principal objeto de interés, el palmeral?
Nuestro mirador quiere ser lo más neutral posible. No es lo mismo poner un Calatrava de 70 metros, que va a atraer toda la atención, que una noria, una estructura ligera y que aunque sea icónica por el tamaño no llama la atención. Uno quiere subirse allí para ver la ciudad, no vas a ver la estructura como si fuera un Calatrava. La finalidad no es ver el edificio, sino lo que vas a contemplar desde él. Hay gente que no le gusta que el skyline se rompa y otros que prefieren los contrastes. Personalmente, creo que es enriquecedor para una ciudad, pero hay que hacerlo con cuidado. Cada monumento tiene que tener su zona de influencia: no es lo mismo poner la noria detrás de la basílica o junto al Palacio de Altamira. Cada uno tiene su espacio y debe respetarse. El mirador está a suficiente distancia de ambos para que cada uno tenga su área de influencia. No estamos robándole ningún protagonismo a lo que Elche ya tiene, sino añadiendo otro punto de interés, que la ciudad, por su tamaño, puede permitirse con creces.

¿Por qué una noria… un elemento tan simple y repetido?
Las bases del concurso suponían un reto para los arquitectos: se pedía un elemento emblemático buscando un efecto Bilbao, algo que atrajera gente, y que fuera un mirador. Y daban diez millones de euros. Si comparas lo que vale un Calatrava, un Gehry, un Peter Cook… de 60 o 70 millones no baja ninguno y son actuaciones de miles y miles de metros cuadrados. Si Elche quiere una ópera o un museo emblemáticos estaría muy bien llamar a un arquitecto internacional, pero aquí hay que actuar en mil metros cuadrados, que es muy poco, y con diez millones de presupuesto, que no es nada. Era un reto hacer este proyecto.

Pero también se buscaba un elemento icónico, emblemático…
Una ópera debe ser representativa porque la gente tiene que ir a ella, pero en este proyecto lo importante era poner en valor otra cosa, no el elemento en sí. Podía haberse usado la fábrica de harina para hacer un mirador, pero eso no habría generado un efecto Bilbao. Había dos funciones: mirador y emblema. Teníamos otras opciones: la noria vino bastante al final, y nos reímos mucho cuando se nos ocurrió. Era lógico y muy simple. Nos miramos diciendo: «¡Lo acabamos de encontrar!» De repente todo encajaba.

¿Se inspiraron en referentes como London Eye y otras norias famosas?
Nunca habíamos caído en eso. No dijimos: como funciona bien en otro sitio, vamos a adaptarlo. Nosotros no elegimos la noria: la noria nos eligió a nosotros. Pensamos que podíamos ser mal interpretado, pero ya no nos veíamos trabajando en otra propuesta. Entiendo que a mucha gente le hayan surgido dudas, y que incluso hayan hecho bromas por su sencillez. Desde Bilbao ha sido una reacción en cadena, todas las ciudades querían un edificio icónico. Calatrava Gehry, Foster… andan locos porque no dan abasto y acaban haciendo edificio de muy poca calidad o repitiendo sus propias ideas, porque no se puede dar edificios icónicos a todas las ciudades. Al final, todas están tratando de ser diferentes de la misma manera, con lo que todas acaban siendo iguales.

¿Qué distingue su propuesta?
Nosotros proponemos un icono pero funcional. Una noria es una noria, es un icono y es honesto. ¿Por qué inventar algo cuando ya existe y sirve a la perfección? ¿Sólo porque tiene que ser por obligación algo que no hayas visto nunca? Es una batalla inútil porque lo que hoy está aquí mañana está allá y más bonito. Lo que proponíamos era la noria como programa. Este concurso pedía un mirador y nosotros propusimos una noria. Hicimos miles de diseños pero no nos importa tanto el diseño final como que sea una noria. Creemos que este elemento es el mejor mirador: la experiencia es desde el principio hasta el final, no es sólo subir por un ascensor, mirar e irte. Dábamos tres versiones con tres niveles de inversión y dificultad. Había varias posibilidades pero con los ingenieros continuamos el de los círculos porque los demás respondían al modelo clásico radial que ya está probado. El diseño evoluciona y aún no está decidido.

Vía | laverdad.es